| Un gobernante, llámese
jefe de estado o presidente, debe ser ante todo un conductor, pues ésa
es la principal función para la cual ha sido elegido: “conducir
los destinos del país y de los gobernados”. Y en ese rol
de conductor, pareciera obvio afirmar que, como tal, le cabe la responsabilidad
de procurar el bien común de sus conducidos, buscando permanentemente,
la unión, la paz y la armonía. Dicho en otras palabras,
la acción de conducir comprende un acto de amor del que conduce
hacia quien es conducido.
En diciembre de 1984 mientras ejercía el cargo de presidente
de la Nación el doctor Raúl Alfonsín y el de ministro
de Defensa, el doctor Raúl Borrás, quienes acabábamos
de egresar como oficiales de estado mayor del Ejército Argentino,
debimos concurrir a un almuerzo organizado por el citado ministro. Por
entonces la campaña en contra de las FF.AA. estaba en pleno crecimiento,
de ahí que el por qué del almuerzo encontraba su explicación
en que, al gobierno le interesaba saber qué pensábamos
los nuevos oficiales de estado mayor respecto de la política
que en desmedro del sector militar se estaba llevando a cabo.
A los postres –en un ambiente bastante tenso–, luego de
que el doctor Borrás hiciera uso de la palabra para intentar
justificar las citaciones judiciales de los cuadros intermedios y las
persecuciones hacia la Institución militar, pedí la palabra.
Comencé preguntándole al ministro si tanto él
como el presidente Alfonsín tenían claro que, en plena
democracia, ellos eran los máximos conductores de las FF.AA..
Y ante la respuesta afirmativa del ministro, le expresé: “¿cómo
pueden ser ustedes los conductores si no aman profundamente lo que conducen
y encima fomentan los constantes e injustos ataques y las permanentes
campañas de desprestigio a las cuales son sometidos diariamente
los oficiales y suboficiales de las FF.AA. y sus familias?”. Y
acto seguido expresé los fundamentos en los que apoyaba mi afirmación.
Más allá de la respuesta de compromiso que ahora no
interesa analizar, lo expresado viene a cuento porque hoy los Kirchner
y sus seguidores hacen lo mismo que Alfonsín y Borrás,
pero con la diferencia de que el actual gobierno no sólo actúa
en contra del sector militar sino que lo hace contra todo el pueblo
argentino. Y afirmar esto no es un error o una exageración, pues
como ya lo expresara en otros escritos, el odio y la división
que fomenta el gobierno exceden a los uniformados y al sector del campo.
Los Kirchner sólo gobiernan para una minoría identificada
con su ideología socialdemócrata y montonera y ven al
resto del pueblo que deberían gobernar, como enemigos. Con esta
actitud ambos han demostrado no amar al pueblo argentino…
Gobernar con odio sólo cosecha más odio, rencor y desunión.
Gobernar con amor hacia los gobernados, necesariamente conduce al bien
común.
¡Por Dios y por la Patria!
Hugo Reinaldo Abete
Ex mayor E.A. |
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